viernes, julio 03, 2009

ARCIMBOLDO SIGLO XVI

GIUSEPPE ARCIMBOLDO

Pintor italiano, conocido sobre todo por sus representaciones manieristas del rostro humano a partir de flores, frutas, plantas, animales u objetos; pintaba representaciones de estos objetos en el lienzo, colocados de tal manera que todo el conjunto tenía una semejanza reconocible con el sujeto retratado. En ellos se encuentra una mezcla de sátira y alegoría, como en La primavera y El verano, dos de sus obras más reconocidas. Sus obras fueron vistas en su tiempo como un curioso ejemplo de pintura carente de valor artístico. En época reciente, los surrealistas concedieron gran valor al juego visual de sus composiciones y el carácter grotesco de sus alegorías.
Arcimboldo nació en Milán en 1527. Comenzó realizando diseños para ser reproducidos en tapices y vitrales . En 1556 trabajó con Giuseppe Meda en frescos para la Catedral de Monza. En 1558, pintó el cartón para un gran tapiz de la Dormición de la Virgen María, que hasta el día de hoy cuelga en la catedral de Como.
Estuvo al servicio de los Habsburgo entre los años 1560 y 1587. Se supone que trabajó también en la Italia meridional y que tuvo un taller propio y discípulos en Roma.
En 1562 se convirtió en retratista de corte de Maximiliano II en la corte Habsburgo de Praga. Fue también el decorador de corte y diseñador de trajes.
Su obra convencional, consistente en pinturas tradicionales del género religioso y cuadros en los que las naturalezas muertas como los conjuntos de flores, frutas, mariscos o peces, que crean figuras simbólicas. En efecto, estos retratos pre-surrealistas de cabezas humanas hechas de verduras, frutas y raíces, fueron muy admirados por sus contemporáneos y aún hoy suscitan fascinación. Los críticos de arte están debatiendo actualmente si estas pinturas eran caprichosas o el producto de una mente trastornada.
En 1587 abandonó Praga, para gran desgracia del emperador Rodolfo II que le tenía en muy alta estima, y volvió a Milán donde moriría años después en 1593.




Análisis de pinturas


El verano (1573) Óleo sobre tela 76cm X 64cm Museo del Louvre Paris (Francia)

La obra pertenece a la serie de Las Cuatro Estaciones que Arcimboldo repitiera expreso perdido del emperador Maximiliano II para el príncipe Elector de Sajonia. No existen dudas acerca de la autoría del pintor, ya que su firma y el año aparecen en el cuello y el hombro, respectivamente, del vestido de espigas trenzadas del personaje. La cabeza se encuentra orientada con el perfil hacia la derecha porque va asociada a la tela correspondiente al otoño, que mira hacia la izquierda. Arcimboldo utilizaba la simetría para marcar la relación entre ambas estaciones, caracterizadas por la falta de agua. La cabeza se encuentra construida a base de frutas maduras propias de la estación. Ciruelas, moras y cerezas, se entrelazan con verdes hojas a modo de corona. En el rostro, un durazno maduro hace las veces de mejilla sonrosada. La nariz es un zapallito verde amarillento, en contraste con las rojas cerezas que caen formando los labios. Una hilera de arvejas dentro de su chaucha conforman los dientes. En la zona que se corresponde a las orejas se perciben una mazorca de maíz, algo que indica que a la corte ya llegaban productos exóticos del nuevo mundo. Sobre el pecho, a modo de broma final, un alcaucil simula una condecoración.






El otoño (1573) óleo sobre tela 76 cm X 64 cm Museo del Louvre París (Francia)


Arcimboldo representa El Otoño, en marcada oposición a la tela con la que va relacionada, El Verano, como un hombre de edad madura. Se trata de un personaje de rasgos más bien grotescos. La cabeza la forma una corona de racimos de uvas sobre la que se apoya una calabaza. El rostro combina una pera como nariz y una manzana por mejilla, mientras que una granada, escondida bajo una barba vegetal, hace las veces de mentón. La boca es espinosa. Del hongo que simula la oreja cuelga un higo maduro como pendiente. Un grupo de hortalizas se apoya como cuello sobre una tinaja de maderas desvencijadas, que es el traje. La alegoría es doble, ya que además de representar la estación otoñal, el cuadro hace alusión a la imagen del dios Baco por su tocado de uvas. Arcimboldo relacionaba las telas de Las Cuatro Estaciones entre si por pares, pero además existía una correspondencia con las de Los Cuatro Elementos (1566). Esta estación, además de corresponderse con El Verano por la sequía, debe vincularse con el cuadro de La Tierra (1566) por lo frío y lo seco. De esta manera daba muestras el pintor del perfecto equilibrio de la creación divina.







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